Más de 4 millones de
personas hacinados en campos para refugiados, más parecidos a ghettos. Más de 4 millones de almas,
huyendo de todo, de su país, de sus pertenencias, de su tierra, de su pasado y
su presente en búsqueda de un futuro que les permita algo simple; vivir.
Más de 4 millones de
personas, que curiosamente no son aceptadas en países cercanos, como son los
países del Golfo, porque sus oligopetromonarcas,
temen que desestabilicen su frágil sistema social,
En Arabia Saudí,
por poner un ejemplo, esos grandes aliados de nuestro bien amado Rey, prefieren
mantener un sistema social dirigido por reyes y príncipes no salidos de cuentos y
un poder religioso que obedece a los dictados de la secta más radical del
islam, la wahabí, que legitima a la monarquía absoluta a cambio de
privilegios y control de la sociedad.
Un 90% de los trabajadores del sector privado, son inmigrantes, y
suponen prácticamente un tercio de la población, pero viven bajo el
miedo de ser deportados tras el menor atisbo de insubordinación. Gracias al
petróleo el sistema funcionarial se sostiene, a pesar de que el
número de saudíes en paro aumenta, así como el malestar social, el
cual se vería incrementado si tuvieran que compartir los recursos del Estado
con los inmigrantes sirios. Así pues, los sirios, mejor lejos.
Volvamos
pues a ellos, volvamos a esos millones de refugiados, a esos miles de
desplazados; se marchan porque en su país hay una guerra. Tras
soportar 30 años de dictadura con Hafez al Asad y otros 10 de su hijo
y actual presidente Bashar al Asad, en el año 2011, tras el estallido
de la primavera árabe tunecina, y tras comprobar que los vientos de cambios
esperados con Bashar, se quedaban en simples de corrientes de aire, el
pueblo sirio comenzó a reclamar mejoras económicas y libertades políticas
y civiles. Así comenzó la guerra civil, las violaciones, las torturas y los
asesinatos por parte de ambos bandos, y si no había suficiente terror en las
calles, el Estado Islámico se unió a la fiesta, aprovechando la guerra entre
bandos para expandirse por territorio sirio.
Tras este breve resumen, volvamos a esos millones de personas, que caminan buscando su mañana, huyendo repito, de todo lo que fue su ayer y su hoy; cerremos los ojos, e imaginemos, un grupo de ellos; 2 niños( chico y chica), 2 adolescentes( chica y chica), un hombre, una mujer, un anciano y una anciana.
Sintamos como caminan, con el alma dolorida por lo que dejan, pero con la fuerza de la esperanza de encontrar un sentido a su particular mañana; hambrientos, enfermos, cansados, tristes, doloridos, agotados, no creo que haya epítetos que puedan describir con realidad como caminan, o al menos, no creo que nosotros seamos capaces de describirlos, por mucho que pretendamos ponernos sus raídos y desgastados zapatos, porque es su alma la que llora y siente.
Pensemos en
las noches y en los días de ese grupo de 8 personas, y su sufrimiento, sus
lágrimas, su dolor, su pena, y también su ilusión y su esperanza, y abramos los
ojos; pongámosles rostro, por ejemplo el de nuestros hijos, el de
nuestros padres, el de nuestros hermanos, el de nuestra pareja, y ahora, con
los ojos abiertos, los nuestros y los suyos, mirémosles a la cara, y digámosles que
no les queremos, que nos les podemos ayudar, que mejor sigan caminando hacia
otro lado.¿ De verdad que alguien puede decírselo?
Y sí, señores del PP, algún yihadista se colará, no es imposible, pero es que ya se colaron antes, y otros ya están aquí, pero eso es otro tema.
Y sí,
ocuparán puestos de trabajo, y recibirán ayudas, pero antes de negárselas,
pensemos en sus ojos y recordemos, que pueden ser los nuestros o los de
nuestros seres queridos
La
solidaridad no es dar lo que te sobra, es compartir lo que tienes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario